{"id":11366,"date":"2013-08-06T11:42:55","date_gmt":"2013-08-06T15:42:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.eseaene.cl\/sitio\/?p=11366"},"modified":"2013-08-08T23:12:10","modified_gmt":"2013-08-09T03:12:10","slug":"wanderers-biografia-anecdotica-la-plaza-echaurren-como-centro-social-y-la-fundacion-en-carampangue","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.eseaene.cl\/sitio\/06\/08\/2013\/wanderers-biografia-anecdotica-la-plaza-echaurren-como-centro-social-y-la-fundacion-en-carampangue\/","title":{"rendered":"\u201cSW, Biograf\u00eda Anecd\u00f3tica\u201d: La Plaza Echaurren como centro social y la fundaci\u00f3n en Carampangue"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Los textos ac\u00e1 presentados corresponden al libro \u201cWanderers, Biograf\u00eda Anecd\u00f3tica de un Club\u201d publicado por Ediciones Stadium en 1952 y escrito por el ex dirigente Manuel D\u00edaz Omnes. Consta de 24 cap\u00edtulos y Eseaene.cl, en el mes del 121 aniversario, te entrega desde el domingo 4 y hasta el gran 15 de agosto dos de \u00e9stos en forma diaria y con ilustraciones para que puedas conocer lo que fue el primer esfuerzo por contar la historia de la instituci\u00f3n m\u00e1s hermosa del mundo.\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-11367\" alt=\"plaza echaurren\" src=\"https:\/\/www.eseaene.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/plaza-echaurren.jpg\" width=\"600\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.eseaene.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/plaza-echaurren.jpg 600w, https:\/\/www.eseaene.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/plaza-echaurren-300x150.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><strong>En el toldo de la tienda \u00abLa Dalia Azul\u00bb (el edificio blanco en la imagen, en lo que hoy es la esquina de San Mart\u00edn con Bustamante) de Plaza Echaurren se reunieron en la previa de la primera asamblea el que ser\u00eda el primer presidente Gilberto Hidalgo y Francisco Avaria, el capit\u00e1n de los inicios (foto: Harry Grant Olds, 1900).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"text-decoration: underline;\"><strong>PRIMERA PARTE: DE LA CANCHA DE LOS L\u00daCUMOS&#8230;<br \/>\nCAP\u00cdTULO III: HACIA SU ORGANIZACI\u00d3N<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Perdidas las manos en los bolsillos y ocultando parte del rostro tras el levantado cuello del abrigo, <strong>aguardaba impacientemente en una esquina de la Plaza Echaurren, un muchacho de estatura regular, ojos vivaces y anchas espaldas<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Diez y siete a\u00f1os, quiz\u00e1s, pero los rasgos en\u00e9rgicos de su fisonom\u00eda varonil delataban al hombre prematuramente maduro, que intuitivamente conoce las cosas de la vida o que, por lo menos, se inclina a comprenderlas. Su actitud observativa as\u00ed nos lo demostraba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La abigarrada muchedumbre que en su torno mov\u00edase con inusitado nerviosismo, <strong>no era otra cosa para Gilberto Hidalgo que una lecci\u00f3n m\u00e1s de las ya tantas aprendidas en las aulas abiertas de la vida<\/strong> y que por su simpleza y heterogeneidad le mostraban, palmariamente, el significado definitivo de su raz\u00f3n de ser.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una llovizna persistente ca\u00eda sobre el empedrado formando a la luz de los faroles, peque\u00f1as charcas luminosas que se quebraban, de cuando en vez, bajo los cascos irreverentes de las cabalgaduras que sub\u00edan por calle Clave, rumbo a las caballerizas del Cerro Toro, en donde descansar\u00edan de su diaria jornada, <strong>mientras que sus amos echaban una cana al aire en la chingana de Los \u00c1lamos con San Mart\u00edn, casi frente al Bazar El Ancla de Oro<\/strong>, la casa de remolienda de mayor prestigio entre la gente de mar, ya que estaba ubicada en el edificio mismo en que habitara <strong>Lord Cochrane<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Toda la poblaci\u00f3n de los cerros del puerto parec\u00eda haberse vaciado en aquella hora en la Plaza Echaurren.<\/strong> Marineros que luc\u00edan sobre sus pechos cuatro iniciales rojas, bordadas en cruz sobre un jersey azul obscuro; rotosos palomillas que desde los cerros Cordillera y Perdices bajaban a solazarse con las canciones un poco picantes que cantaban, con engoladas voces, dos mauchos regordetes que vend\u00edan versos de fabricaci\u00f3n propia; comadres cargadas de sendos bolsones que, despu\u00e9s de haber hecho la plaza se deten\u00edan en las esquinas a pelar, por horas enteras, a cuanto bicho viviente hab\u00eda en el barrio; picasales y estibadores, aduaneros y contrabandistas, <strong>toda la fauna de un pueblo formado entre vel\u00e1menes y aceite quemado, mov\u00edase con pertinaz inquietud<\/strong>, mientras las tiendas \u201cEl Jazm\u00edn\u201d y \u201cLa Sirena\u201d encend\u00edan sus mecheros a gas o un dependiente del \u201cGremio Marino\u201d, vend\u00eda a un chilote cualquiera un par de pantalones de cheviote ingl\u00e9s, a dos pesos cincuenta y ganando plata.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Confundido entre la multitud avanz\u00f3 Gilberto hasta la calle Matriz. Mirando hacia el mar destac\u00e1base, como tel\u00f3n de fondo, la puerta ojival de la Recova del Puerto, sobre cuyo marco desafiaba agresiva la enorme cabeza de un toro de raza, cuyos cuernos de concreto <strong>contrastaban con la actitud pasiva del Cristo que a su frente, en el frontispicio de la Parroquia de La Matriz, con sus manos tendidas invitaba a la meditaci\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Det\u00favose un rato, sin saber por qu\u00e9, ante los escaparates de un almac\u00e9n de comestibles. Sacudi\u00f3 nerviosamente el abrigo que, a la luz de los mecheros, parec\u00eda, por la llovizna, como engastado en diminutos diamantes, y considerando la inutilidad de su espera avanz\u00f3, con paso firme, por la calle del Arsenal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>-\u00a1Hidalgo!-<\/strong>, exclam\u00f3 una voz desde el otro lado de la acera.<br \/>\nVolvi\u00f3 instant\u00e1neamente la cabeza y su exclamaci\u00f3n, fue espont\u00e1nea;<br \/>\n<strong>-\u00a1Avaria!<\/strong><br \/>\nLos dos amigos se tendieron la diestra con llaneza.<br \/>\n<strong>&#8211; No sabes cu\u00e1nto te he esperado.<\/strong><br \/>\n<strong>&#8211; Hace rato, tambi\u00e9n, que te busco.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y sin decirse nada, buscaron el reparo acogedor del toldo de la tienda \u201cLa Dalia Azul\u201d, bajo cuyo alero pod\u00edan cambiar impresiones sin las molestias naturales de la llovizna que, momento a momento, torn\u00e1base m\u00e1s pertinaz y que iba dejando las calles desiertas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>&#8211; Habl\u00e9 con S\u00e1nchez-<\/strong>, inform\u00f3 Avaria al mismo tiempo que limpi\u00e1base el rostro con un pa\u00f1uelo. <strong>\u2013Le expres\u00e9 nuestros planes y nos espera ma\u00f1ana en su casa.<\/strong><br \/>\n<strong>&#8211; \u00bfY los dem\u00e1s muchachos?<\/strong><br \/>\n<strong>&#8211; Murphy qued\u00f3 de juntarse esta tarde con Solar en el Cerro Artiller\u00eda. A estas horas debe estar en Carampangue toda la gallada.<\/strong><br \/>\n<strong>&#8211; Pues vamos all\u00e1.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y sus siluetas desdibuj\u00e1ronse en la penumbra de la calle Arsenal para desaparecer, en definitiva, en la encrucijada de la calle Matriz, tras las iluminadas ventanas de la tienda \u201cLa Exposici\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-11368\" alt=\"placa wanderers\" src=\"https:\/\/www.eseaene.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/placa-wanderers.jpg\" width=\"600\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.eseaene.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/placa-wanderers.jpg 600w, https:\/\/www.eseaene.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/placa-wanderers-300x150.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><strong>En 2009 se puso esta placa de dif\u00edcil lectura para el transe\u00fante en los pies de subida Carampangue. Hoy, a s\u00f3lo cuatro a\u00f1os de su instalaci\u00f3n, luce con su madera deteriorada y rayada. Cosas del \u00abPatrimonio\u00bb (foto: Tania Masquiar\u00e1n)<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"text-decoration: underline;\"><strong>PRIMERA PARTE: DE LA CANCHA DE LOS L\u00daCUMOS&#8230;<br \/>\nCAP\u00cdTULO IV: SE ABRE LA SESI\u00d3N<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los hermanos <strong>Luis y Germ\u00e1n S\u00e1nchez habitaban el segundo piso de un edificio amarillo de frontis de calaminas, situado en el lado oriente de la Subida Carampangue, un poco m\u00e1s arriba del terminal del Callej\u00f3n de Los Meados y casi frente al sendero que llevaba al Cerro Artiller\u00eda<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de m\u00faltiples ruegos hab\u00edan logrado que sus progenitores les habilitaran el comedor de la casa p<strong>ara efectuar en \u00e9l una reuni\u00f3n con sus amigos de la cancha \u201cLos L\u00facumos\u201d, en la que iban a ver si pod\u00edan fundar un club<\/strong>. Obtenida esta franquicia la pieza ahora se hac\u00eda estrecha para contener a la muchachada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Juan y Antonio Mujica<\/strong>, sentados junto a la puerta, contaban mentalmente a los asistentes. <strong>Romeo Real<\/strong> conversaba animadamente en un \u00e1ngulo de la sala con l<strong>os hermanos Lobos<\/strong>, mientras los due\u00f1os de casa entraban y sal\u00edan de la pieza tratando de atender a los que iban llegando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>-Adelante, Alfredo, est\u00e1s en tu casa-<\/strong>, dec\u00eda Lucho S\u00e1nchez, ofreciendo una silla de Viena a <strong>Ar\u00e9valo<\/strong> que penetraba en la estancia, en tanto que su hermano Germ\u00e1n, saludaba risue\u00f1o a <strong>Benito y Nicanor Cruz<\/strong>, que llegaban seguidos de <strong>Eduardo Pizarro<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>-\u00bfFaltan muchos todav\u00eda?-<\/strong>, consult\u00f3 <strong>Vicente Lobos<\/strong> que acodado sobre la mesa le\u00eda a media voz en \u201cEl Mercurio\u201d de la tarde, el follet\u00edn \u201cLa Bella Hochatera\u201d, conquistando la atenci\u00f3n de <strong>Lucho Gonz\u00e1lez<\/strong> que le escuchaba ensimismado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>-Los hermanos Parker dijeron que llegar\u00edan enseguida-<\/strong>, inform\u00f3 Romeo Real que desde el pasillo hab\u00eda logrado percibir la pregunta de su amigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un grupo de muchachos junto a la ventana, miraba por entre los cristales las carretelas que sub\u00edan hacia Playa Ancha, entre los gritos guturales y los latigazos de sus conductores y el esfuerzo extralimitado de sus cabalgaduras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>-\u00a1Pobres bestias!<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una dama cincuentona de rostro risue\u00f1o y amplias y largas polleras de sarga azul, entr\u00f3 repentinamente a la sala y saludando con una reverencia a los muchachos, con voz suave y cadenciosa orden\u00f3 a Germ\u00e1n, al mismo tiempo que extra\u00eda del azabache de su pelo una ondulada horquilla de acero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>&#8211; Abre un poco el traga luz, hijo, pues est\u00e1 muy pesada la atm\u00f3sfera.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y colocando la horquilla sobre el borde superior del tubo de la l\u00e1mpara a parafina, que desde el centro de la mesa presid\u00eda la reuni\u00f3n, advirti\u00f3 a los muchachos, como disculp\u00e1ndose de su intromisi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>&#8211; Es para que una corriente de aire no les vaya a dejar a obscuras.<\/strong><br \/>\n&#8211; Y recalc\u00f3: <strong>-Se puede quebrar el tubo.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y haciendo un saludo versallesco abandon\u00f3 la sala.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos los asistentes asintieron con un movimiento de cabeza las expresiones de la dama y agradecieron, quiz\u00e1s, en su fondo, esta delicadeza inesperada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Abierto el tragaluz de la ventana el aire del comedor empez\u00f3 a renovarse; y a <strong>Isidoro Mart\u00ednez<\/strong> que con ojos inquietos miraba para todas partes, le pareci\u00f3 que con el aire fresco hab\u00eda vuelto a la vida un enorme pescado que, en una oleograf\u00eda colgada en la muralla, sacaba la cabeza de una reluciente bandeja colmada de tomates, lechugas y pimentones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Pedro Mujica<\/strong> anunci\u00f3 desde la puerta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>-Ah\u00ed viene Hidalgo, con Avaria y Acu\u00f1a.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Instintivamente, la mayor\u00eda de los asistentes, acerc\u00e1ndose a la mesa acomod\u00e1ronse en sendas sillas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Carlos Solar<\/strong>, el veloz entre ala que en la cancha de Los L\u00facumos pon\u00eda a raya a los m\u00e1s corredores, tuvo que conformarse en participar en la reuni\u00f3n, parado y en tercera fila y afirmado en el aparador sobre cuya cubierta de cristal, con sus vasitos oscilantes, parec\u00eda advertirle a cada momento, la necesidad de mantenerse quieto, so pona de efectuar una quebraz\u00f3n y dar por terminada la reuni\u00f3n antes de iniciarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>-Bueno-<\/strong>, dijo Gilberto Hidalgo, tomando como por derecho propio, la presidencia de la reuni\u00f3n. <strong>-Procederemos a abrir la sesi\u00f3n. Germ\u00e1n S\u00e1nchez, como due\u00f1o de casa, actuar\u00e1 de secretario \u00bfHay oposici\u00f3n?<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un silencio absoluto se hizo en la sala y todos los muchachos, como emocionados, se miraban unos a otros, sin alcanzar a comprender el por qu\u00e9 de la turbaci\u00f3n que los embargaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>El martillo del tiempo golpe\u00f3 siete veces en la campana de un reloj de caoba que adornaba la sala, colgado desde un muro y la hoja del calendario indicaba el d\u00eda lunes 15 de agosto de 1892<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Afuera o\u00edase el murmullo de los transe\u00fantes que se recog\u00edan a sus hogares y el ruido de los veh\u00edculos llegaba perturbador a la sala, cuando Gilberto Hidalgo, pronunci\u00f3, por primera vez, las palabras rituales:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>&#8211; Se abre la sesi\u00f3n.<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<ul>\n<li><strong>Este martes por la noche publicaremos el cap\u00edtulo V titulado \u201cEste es el club de mi hermano\u201d y arrancaremos con la segunda parte llamada \u00abParti\u00f3 Santiago Wanderers\u00bb y su primer relato acerca de \u00abEl Capit\u00e1n Fern\u00e1ndez Vial, un Cl\u00e1sico y una ponchera\u00bb (cap\u00edtulo VI).<\/strong><\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los textos ac\u00e1 presentados corresponden al libro \u201cWanderers, Biograf\u00eda Anecd\u00f3tica de un Club\u201d publicado por Ediciones Stadium en 1952 y escrito por el ex dirigente Manuel D\u00edaz Omnes. 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